Lesbianas ¿Porqué se las llama así?

El otro día reflexionando, me di cuenta de que no sabía de dónde venía el término de lesbiana y entonces, como a Alicia al ver la madriguera del conejo blanco, me picó la curiosidad.

Para saber de donde procede, debemos trasladarnos a la antigua Grecia.

Safo nació en una pequeña aldea de la isla de Lesbos, en el seno de una familia adinerada. Debido al inicio de la guerra y a la ausencia de barones ya que estos tuvieron que incorporarse a las filas del ejercito, el negocio familiar quedó en manos de Safo. Tradicionalmente, en Grecia la mujer se ocupaba de las labores domésticas y no tenía derecho a la educación (salvo tratarse de una cortesana, a las que se les permitían algunas libertades en este aspecto) por lo que fue duramente criticada.

Tras casarse con un rico mercader en Sicilia su circulo intelectual aumentó, enriqueciendo su curiosa mente. Tras la muerte de su marido, heredó una amplia fortuna lo que le permitió volver a su Mitelene natal y fundar la Casa de las Servidoras de las Musas en honor a Afrodita y otros dioses: una escuela de mujeres en la que cultivar su mente en arte o literatura.

Se enamoró de numerosas de sus alumnas y a ellas está dedicada gran parte de su obra poética. Por desgracia, pocos son los escritos que actualmente se conservan. En un fragmento de uno de ellos (posteriormente popularizado por el poeta Ovidio), esta nos cuenta una leyenda en la que Faón se enamora de la diosa Afrodita. Por esta historia se cree que Safo, por influencia de la Diosa, se suicidó tirándose al mar desde la roca de Leucade, cuando su amor por Faón no fue correspondido. Esta roca era a la cual acudían los amantes para suicidarse, por lo que otra de las posibilidades sería que esta se suicidase a debido a una decepción amorosa.

Entre lo poco que podemos leer hoy en día de ella, encontramos la Oda a Afrodita, donde le pide ayuda para atraer a un amor no correspondido:

¡Oh, tú en cien tronos Afrodita reina,
Hija de Zeus, inmortal, dolora:
No me acongojes con pesar y sexo
ruégote, Cipria!

Antes acude como en otros días,
mi voz oyendo y mi encendido ruego;
por mi dejaste la del padre Zeus
alta morada.

El áureo carro que veloces llevan
lindos gorriones, sacudiendo el ala,
al negro suelo, desde el éter puro
raudo bajaba.

Y tú ¡Oh, dichosa! en tu inmortal semblante
te sonreías: ¿Para qué me llamas?
¿cuál es tu anhelo? ¿Qué padeces hora?
—me peguntabas—

¿Arde de nuevo el corazón inquieto?
¿A quién pretendes enredar en suave
lazo de amores? ¿Quién tu red evita,
mísera Safo?

Que si te huye, tornará a tus brazos,
y más propicio ofreciérate dones,
y cuando esquives el ardiente beso,
querrá besarte.

Ven, pues, ¡Oh diosa! y mis anhelos cumple,
liberta el alma de su dura pena;
cual protectora, en la batalla lidia
siempre a mi lado.

Hasta finales del siglo XIX, la palabra lesbiano/a se utilizaba para designar todo aquello procedente de la isla de Lesbos aunque anteriormente se utilizó con el significado que le atribuimos actualmente en algunas publicaciones francesas en el siglo XVI (lesbienne) o en Inglaterra en el siglo XVII (lesbian). En 1925, ya se utilizó como equivalente femenino a sodomita en la literatura médica.

El termino de lesbiana se propuso para honrar a la poetisa cuya historia se narra anteriormente y de la cual, por desgracia, actualmente solo conservamos una ínfima parte de sus obras. Adelantada a su tiempo y en cierta manera incomprendida y rechazada por muchos de sus contemporáneos, ella fue capaz de vivir su sexualidad sin importar el qué dirán.

Y tú, ¿conocías su historia?

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