BUD SEX: ¿Un fenómeno nuevo?

bud sex, una nueva categoría sexual

Hace unos días la revista Cosmo publicaba el siguiente Tweet:

La bomba estaba lanzada. Twitter ardió con la afirmación dada por la sexóloga de Cosmo. Si analizamos los hechos, a priori pareciera una absurdez en sí misma. Al fin y al cabo, si eres hombre y mantienes relaciones sexuales con otros hombres pues debes ser gay, o mínimo bisexual ¿no?

Las etiquetas que hoy en día se mueven para expresar la orientación sexual son cada día más diversas. En los últimos años se han añadido al colectivo LGTB un buen número de caracteres que han obligado a usar el + como herramienta. Detrás de ese “plus” se encuentran más de 100 orientaciones sexuales cada una con su bandera propia y su distintivo.

Del peligro que supone incluir cualquier movimiento que reclame una orientación sexual propia al colectivo da para otro artículo (movimiento activista pedófilo ⸺guiño, guiño). En esta ocasión hablaremos de algo que lleva existiendo desde siempre y que ahora se le está poniendo nombre: Bud sex.

Vivimos una época curiosa, de personas que reclaman todo tipo de diversidad pero niegan que puedan existir hombres heteros que mantengan relaciones sexuales con amigos y se sigan definiendo como heteros. “Son gays en el armario”, ¿no?

Se podría pensar que es una moda moderna como otras peculiaridades sexuales que han ido surgiendo y surgen. De ser así desestimaríamos la explicación más plausible sobre el asunto: la forma particular por la que muchos hombres se inician en el sexo.

La iniciación sexual en grupo como posible explicación del nuevo fenómeno

Se da una casuística en el que los varones jóvenes comienzan su educación sexual a través de un primer comentario o insinuación de un amigo o compañero. De manera imprevista se pone sobre la mesa la masturbación como posibilidad.

Los niños y preadolescentes se presentan curiosos ante el sexo y no dudan en ahondar en informaciones y más si dicho conocimiento se lo brinda un igual. En este proceso suele existir un chico que por motivos diversos tiene más información sobre el sexo que sus compañeros. A través de él, el resto de amigos comienzan su andadura en su educación sexual.

De manera natural, los jóvenes hacen quedadas para ver imágenes pornográficas o para masturbarse. Aunque a priori pareciera un proceso “raro”, se ha dado de manera consistente y natural en una gran parte de los hombres.

Como es obvio, no todos los varones aprenden acerca de la sexualidad de esta manera. Aunque pareciera imposible, algunos padres instruyen a sus hijos sobre este tema peliagudo desde que son bien pequeños (con un lenguaje adaptado). Sin duda la mejor opción, para evitar problemas futuros. Otros directamente, aprenden ellos solos sin información por parte de nadie.

De cualquier manera, hay que entender que es relativamente “normal” que los hombres empiecen a relacionarse sexualmente con otros de su mismo sexo en sus primeras experiencias sexuales. No dejan de ser niños o preadolescentes que tienen mucha curiosidad por el tema y que encuentran en ese medio la forma más adecuada de satisfacer tal necesidad.

Rara vez dichas experiencias van más allá de la masturbación en grupo, aunque si es cierto, que pueden derivar en prácticas más avanzadas como la masturbación entre los propios miembros del grupo, sexo oral u otras prácticas como el juego de la galleta (práctica sexual que consiste en eyacular sobre una galleta, siendo el último en acabar el que deba comérsela).

Con la edad esto se obvia, pareciera no tener importancia. La persona acaba teniendo pareja, se acaba casando y esas aventuras con sus amigos de la infancia no eran más que juegos de niños que quedaron atrás. Pero, en otras ocasiones el adulto sencillamente adquiere una creencia básica: “se puede tener relaciones con otro hombre sin que eso te haga gay”. Se ponen los cimientos de lo que ahora después de décadas se le ha puesto nombre: Bud sex. Hombres hetero que tienen sexo con hombres y que se consideran hetero.

Se acaban creando dos maneras de practicar sexo. Por un lado el sexo con su pareja, novia, amiga o chica de turno. Sexo con el que están a gusto y disfrutan sin ningún tipo de problema. Por otro lado, sexo con otro hombre, que para ellos no deja de ser algo que no les define y que no es muy diferente de la masturbación en solitario. Una práctica que busca el placer por el placer, sin ahondar en ningún tipo de emocionalidad. Es por ello que se explica porque estos hombres son capaces de mantener sexo de diferente índole con otros hombres pero son realmente incapaces de besar a otro hombre. Por supuesto, también se encuentran toda esa ristra de carne de Grnder (aplicación de encuentros gays)con descripciones como: “chico hetero para experimentar”, “chico hetero para pajas”, “chico hetero para comérnosla”, etc. Si la comunidad gay hablara de con cuantos heteros han mantenido relaciones sexuales…

Aunque a priori esta idea pueda parecer chocante, no hay más que pensar en las cárceles como el entorno idóneo para tal fenómeno. Aísla un grupo de hombres sin contacto con una mujer y espera a ver cuánto tardan en comenzar los encuentros sexuales y por supuesto “sin besos que no soy maricón”.

Desde el colectivo LGTB+ se niegan a aceptar la existencia de tal fenómeno, achacándolo a la represión sexual que sufren estos varones y que no dejan de ser gays que no quieren salir del armario. Quien sabe, igual les toque otra vez abrir sus puertas para dejar entrar a una nueva letra en su gran familia. ¿Se imaginan? “Grupo de hetero que tienen relaciones sexuales con otros hombres reclaman su hueco en el colectivo”. El futuro se presenta interesante.

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